Hay distintos tipos de persona. Uno de ellos, que es en el que me centro ahora mismo, es aquel que parece inocente, cumplidor, callado y tímido, y luego resulta que es totalmente lo contrario. La pequeña, dulce e inocente mariposa no es más que una oruga que con cartulina en la espalda a modo de alas quiere aparentar. Ese diminuto insecto que a veces crees que te quiere y al que de verdad le importas, no hace más que intentar dañarte. Atenta contra tu salud, invade tu espacio y tu intimidad. Te hace daño. Y como cualquier otro ser humano, aunque tengas que dañar a esa soberbia criatura disfradaza piensas defender lo que crees que te pertenece por naturaleza. Se ha convertido en un saltamontes vanidoso con aires de grandeza. Habrá que cortarle las alas.
