lunes, 24 de septiembre de 2012

Un diario cualquiera, azul, sin candado.

Conoce esa sensación por el cuerpo. Idéntica a la de la noche anterior. Inquietud, pensamientos fugaces entrelazados que forman una maraña iluminada por un letrero fluorescente. Piensa en el ayer, en el mañana. Las sábanas no quiere rozarlas esta noche porque sabe que se le asemejarán a papel maché. No quiere hablar mas que con  ella, y con él. Sabe que se siente impotente, pero a la vez esperanzada. Sabe que en último rincón de su pensamiento, rodeado de polvo, hay uno que la acojona y asusta, amenazante. Y sabe que por las noches no va a dejarla en paz.
El silencio la desespera, la oscuridad la acompaña. Se siente mas "x" que nunca. "X" de extraña, de excusa. Ella es una excusa. Completa de vacío, donde en el más profundo recoveco encuentra la compañía de aquel que espera que pase algo. Y lo que pasan son las canciones, y con ellas, la vida.

domingo, 16 de septiembre de 2012

Carreteras, aeropuertos, cafés.

En el largo trayecto hacia el aeropuerto, dentro de aquel taxi, un Opel, se hizo el silencio. Su imaginación volaba, y recordaba alguna escena de novela en la que el conductor y copiloto discutían sobre los gustos stalinianos o fascistas. Se reía para sus adentros. Delante, un cincuentón trabajando para ganarse unas perras lucía un llamativo bigote hitleriano negro, acompañado con unas gafas de sol que similaban ser las de un vaquero del oeste. Tenía cierto parecido a un cantante, un tenor, una fotocopia tal vez, y conducía atento y despreocupado a la vez, fingiendo hacer muecas. Se abrió una ventana, y el aire, con un desmesurado molesto ruido comenzó a bailar en el automóvil. A ella se le iluminó la cara. Sonó Perry. (...)
Al bajar, el aeropuerto se visualizaba grandilocuente, y la terminal se sostenía por altas vigas férreas y vidrios cristalinos. Dentro, añoró esa cantidad de gente que solía ver, sustituida por un volumen considerable, pero este mes menor; y se imaginaba la procedencia y destino de cada uno, la vida que tenían y alguna que otra vez, las discusiones. Recorría los amplios pasillos mirando al techo, con un sentimiento de enanismo cada vez mayor. Lo relacionó con un templo por un momento. Se fijó en un par de gorriones que revoloteaban sin saber concretamente dónde estaban, conociendo solo la jaula de cristal y paneles en la que se habían adentrado. Ahogó todos esos pensamientos en un café.

jueves, 6 de septiembre de 2012

Prehistóricos entretenidos con alcohol y circo.

¿Cuántos siglos o cuántas décadas ha de cumplir una aberrante costumbre lugareña para transformarse en un rico acervo cultural? Acertar en la respuesta quizá nos daría la solución a uno de los misterios a los que venimos asistiendo durante este verano, con algo parecido al horror, cada vez que hemos de reseñar los muertos o heridos que se producen en los encierros. Un grupo de personas decide un buen día que sería muy divertido hacer correr por la plaza a un corniastado,  al que eligen conscientemente para torturar y posteriormente dar muerte... A partir de esta decisión, nadie osará quitar el entretenimiento bajo pena de traición  a los más recios valores de la localidad y a la hombría de juventudes.
Siempre es difícil averiguar la fecha de caducidad de las tradiciones. Pero algo sí parece bien claro: las salvajadas deben tender a desaparecer, y los ediles deben apuntarse a intentar borrar de los entretenimientos aquellos que consisten en torturar y martirizar animales.
Las costumbres mudan con los tiempos. A los ladrones se les cortaba la mano o se les azotaba en público, a los blasfemos se les torturaba y a los enfermos se les sangraba. Todas estas costumbres parecen hoy barbaridades, pero el espectáculo de ver un asesinato no parece más que parte del alma de una población.
La razón debe ganar a la barbarie. Azuzar el salvajismo puede ser divertido para algunos, sobre todo para los salvajes, pero debería estar borrado de los planes de las corporaciones actuales, y acabar con los jolgorios cerriles.
Claro que no es fácil oponerse a estas prácticas en el mundo actual, cuando en muchos lugares parece volver a nuestro entorno cultural el malhadado casticismo. Por los rincones se cuela la España Cañí y zarrapastrosa que amenaza con devolvernos al siglo XIX. Esperamos que el pueblo, que ha tenido el placer de elegir mediante un procedimiento tan moderno como el de la urna, no opte por el populismo tribal, tan antiguo, para inventarse la rica tradición de las corridas y el volteo mortal de los apellejados en vino o similar.

lunes, 3 de septiembre de 2012

Palabras oxidadas.

Hay quienes fuman y leen ... en los sótanos o en los áticos, consumiendo palabras revueltas con humo, palabras que ladran como golpes secos en la garganta. 
Algunas separan las páginas con clavos sin saber que allí, después de mucho tiempo, quedan las palabras olvidadas.